Cómic editado por el gobierno canadiense durante 1973-74 y distribuido entre las comunidades esquimales Inuit. La medida fue tomada ante la afición creciente de los Inuit a empinar el codo y estaba destinada a concienciar sobre el problema del consumo excesivo de alcohol de forma que llegase facilmente a toda la comunidad.
Nuestro protagonista es un superhéroe cirrótico y en vez de la Kriptonita es el alcohol lo que le merma los poderes.
El fotógrafo de la revista Life, Gjon Mili, visitó a Picasso en 1949. Mili mostró al artista algunas de sus fotografías de patinadores de hielo con pequeñas luces en los patines. A Picasso le gustó la idea y con una pequeña linterna hizo sus dibujos más fugaces.
Publicado: 24 Jun 2009 12:38 pmTítulo del mensaje: f
Para los que teneis niños pequeños os dejo un link, para adentrarnos con ellos ,en el mundo de la magia ,los sueños y la imaginacion.....................Es preciosa,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,
http://rincondelashadas.webcindario.com
...........Espero que os guste
"Salvar a las niñas" es un proyecto para preservar, restaurar y mostrar la mayor colección Nose Art de la Segunda Gerra Mundial. El Nose Art consiste en la decoración del fuselaje de un avión militar, normalmente cerca de su "nariz". Son las famosas aeronaves graffiti, en este caso estadounidenses y los motivos son "las niñas" a salvar .
Publicado: 29 Jun 2009 1:48 amTítulo del mensaje: d
Osita ,cuanto tiempo sin aparecer por el foro............. ..............¿Has encontrado ya a tu mama?.. ....O esa era Heidi???....Me estoy liando............¿Tienes ya novio? .Besitos
Publicado: 30 Jun 2009 1:43 amTítulo del mensaje: ecolocación
El investigador Juan Antonio Martínez detectando una columna por ecolocación.
Investigación de la Universidad de Alcalá de Henares El ser humano puede orientarse como los murciélagos y los cetáceos
* La ecolocación está atrofiada en nuestra especie, pero puede aprenderse
* Con chasquidos de la lengua se pueden percibir los objetos cercanos
* El desarrollo de esta capacidad podría ser muy útil para personas invidentes
El ser humano también tiene el sentido de la ecolocación, como el que tienen los cetáceos o los murciélagos, aunque menos desarrollado. Esto es lo que ha comprobado un equipo de científicos de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH).
Según la investigación, la emisión de ciertos chasquidos de la lengua puede ayudar a identificar los objetos de nuestro alrededor, sin necesidad de verlos. El desarrollo y la práctica de este sentido podría ser especialmente útil para las personas con falta de visión.
"Los humanos podemos rivalizar con los murciélagos en la capacidad de ecolocación o biosónar bajo ciertas circunstancias", señala a SINC Juan Antonio Martínez, autor principal del estudio e investigador de la Escuela Politécnica Superior de la UAH.
El equipo que dirige el científico ha iniciado una serie de estudios pioneros en el mundo para poder usar la capacidad infrautilizada de ecolocación que tiene el ser humano.
En el primer trabajo, publicado en la revista Acta Acustica united with Acustica, el equipo analiza las propiedades físicas de varios sonidos y propone el más efectivo para su uso en la ecolocación.
"El sonido casi ideal es el ‘clic palatal’, un chasquido que se origina poniendo la punta de la lengua en el velo del paladar, justo detrás de los dientes, y realizando un movimiento rápido hacia atrás, aunque es frecuente hacerlo erróneamente hacia abajo", explica Martínez.
El investigador comenta que los clic palatales "tienen una forma muy similar a los sonidos que emiten los delfines -cambiando la escala-, aunque estos animales tienen órganos adaptados y pueden hacer 200 clic por segundo y nosotros sólo tres o cuatro".
Con la ecolocación, "que es tridimensional y permite atravesar materiales que son opacos a la radiación visible", se puede medir la distancia de un objeto por el tiempo que transcurre entre la emisión de una onda acústica y la recepción del eco o la onda reflejada en ese objeto.
Aprender a ecolocalizar
Para aprender a emitir, recibir e interpretar los sonidos los científicos están desarrollando un método con una serie de protocolos. El primer paso es que el individuo sepa ejecutar e identificar sus propios sonidos (son diferentes para cada persona), y después saber utilizarlos para distinguir los objetos según sus propiedades geométricas, "como lo hace el sónar de los barcos".
Hasta ahora algunas personas invidentes habían aprendido la ecolocación de forma autodidacta, "por ensayo y error". Los casos más conocidos son los estadounidenses Daniel Kish, el único ciego que ha conseguido el certificado de guía de otra persona invidente, y Ben Underwood, considerado como el mejor ecolocador del mundo hasta su fallecimiento a comienzos de 2009.
Para desarrollar esta capacidad no se requieren condiciones físicas especiales. "Con dos horas al día durante un par de semanas se puede distinguir si tienes un objeto delante, y en otras dos semanas, diferenciar los árboles de una acera", revela Martínez.
El científico recomienda probar con el típico sonido ch que se emite cuando se quiere hacer callar a la gente. El movimiento por delante de la boca de un bolígrafo, por ejemplo, enseguida se nota. Es un fenómeno parecido al que ocurre cuando se viaja en un coche con las ventanillas bajadas y se oyen los huecos cercanos a la orilla de la carretera.
El siguiente nivel de aprendizaje sería dominar los "clic palatales". Para comprobar que los ecos de los chasquidos de lengua se interpretan correctamente los investigadores trabajan con la ayuda de un puntero láser, que señala la parte del objeto a donde se dirige el sonido.
Otra de las líneas de investigación del equipo se centra en establecer los límites biológicos de la capacidad de ecolocación en humanos, "y los primeros resultados indican que la resolución en detalle podría rivalizar incluso con la propia vista". De hecho los investigadores comenzaron distinguiendo que tenían a una persona delante, pero ahora ya pueden detectar algunos órganos internos, como los huesos, e incluso "ciertos objetos del interior de un bolso".
Bien conocido es que, desde sus primeros días, los Estados Unidos de América huyeron de cualquier tipo de forma de gobierno relacionada con la monarquía, a pesar de que históricamente llegue a ser conocido su dominio como cercano al fenómeno imperial. Ahora bien, hubo alguien que se autoproclamó Emperador de los Estados Unidos y, sólo por ese sencillo ataque de lunática megalomanía, merece un pequeño hueco en cualquier recopilación de hechos curiosos y excentricidades.
Su Majestad el Emperador Norton I de los Estados Unidos de América y Protector de México, era un tipo de lo más curioso. Su nombre real, o al menos uno de los que utilizó, era Joshua Abraham Norton y, aparte de eso, poco se sabe acerca de sus orígenes. El Emperador, que vivía en San Francisco, había llegado a California como un aventurero más a mediados del siglo XIX, durante la fiebre del oro. Posiblemente nació en Inglaterra y, cuando falleció, en 1880, los cronistas calcularon que debía rondar entre los sesenta y cinco y los setenta años de edad.
De niño pasó un tiempo con su familia en Sudáfrica, donde su pades había emigrado hacia 1820. Sus parientes, próspera estirpe de comerciantes judíos, proporcionó como herencia a Norton una buena suma de dinero. Con los bolsillos llenos, decidió probar fortuna en América y, al principio, sus aventuras comerciales marcharon por buen camino. La avaricia hizo presa en sus deseos, especuló despiadadamente con el precio del arroz y terminó perdiendo casi todo su capital, hasta verse obligado a declarar la bancarrota de su sociedad tras perder diversos litigios presentados en su contra por sus socios.
Ahí está, posiblemente, el origen de su excentricidad. Alguien que había estado siempre en la cima, vivido de forma opulenta y acostumbrado a los tratos comerciales con diversos países, no podía quedarse quieto viendo cómo los días pasaban sin más. Por un tiempo desapareció, y nadie sabe a ciencia cierta dónde pudo vivir, hasta que reapareció repentinamente convertido en un extraño personaje. Envió cartas y artículos a diversos periódicos de San Francisco, quejándose del sistema de gobierno estadounidense, de su justicia y de los funcionarios del estado. Finalmente, presentó como la única solución a todos los males burocráticos del país una solución de lo más cómico. Proclamado a sí mismo como Emperador, llamó a representantes de todos los estados a reunirse en forma de nueva cámara de representantes en San Francisco. Sucedió en 17 de septiembre de 1859 y, al principio, tanto los periódicos como el público siguieron sus acciones con espectativa, como si se tratara de una obra de teatro. Norton I gritaba por doquier contra la corrupción, ordenaba movimientos de tropas y la abolición de las leyes anteriores así como la disolución del Congreso.
Se inició así uno de los “reinados” más surrealistas de cuantos haya habido nunca. Con el paso del tiempo Norton I estableció todo tipo de leyes para gobernar su imperio y planeó la construcción de grandes infraestructuras. Mandó la construcción de un puente colgante precisamente en el mismo lugar sobre el que muchos años más tarde se levantaría el Golden Gate, redactó edictos de todo tipo y, para colmo, se nombró Protector de México, porque en su opinión los gobernantes de ese país eran incapaces de hace prosperar a su pueblo.
No se sabe si Norton I se tomaba en serio a sí mismo, puesto que su influencia no pasaba de las risas que solía levantar a su alrededor, pero la función duró bastante. Su personaje imperial tenía espacio asegurado en la prensa, muchos curiosos visitaban su Corte, que no era más que un viejo edificio de apartamentos de alquiler. Vestido con sus ropajes imperiales, paseaba por San Francisco acompañado de sus dos perros, siendo saludado, o insultado, por quienes con él se cruzaban. Pero lo que comenzó como una protesta esperpéntica fue dando paso a un personaje típico de la ciudad. Como si se tratara de una atracción de feria, llegaban gentes desde muy lejos a conocer al gran Emperador, los restaurantes le ofrecían comidas gratuitas, sobre todo porque su presencia animaba el ambiente. Las críticas de Norton I fueron efectivas muchas veces, su ácido estilo a la hora de redactar sus artículos-leyes podían hacer daño a la credibilidad de personas o empresas, porque solía fijar el blanco de sus ataquen en problemas que acuciaban a los habitantes de San Francisco, quienes lo adoptaron como si fuera parte del paisaje urbano. Fueron muchos los incidentes que protagonizó, como el instituir un impuesto a los tenderos de San Francisco para mantener la Corte. Apenas se trataba de unos centavos y, muchos de ellos, pagaron gustosos, con tal de que el “circo” se mantuviera. En medio de las calles pronunciaba discursos, gritaba indignado contra de las penurias de los trabajadores, mientras sus medallas brillaban al sol. En cierta ocasión, habiéndose dañado su imperial atuendo y ante sus insistentes quejas, las autoridades municipales le obsequiaron con nuevas ropas.
Norton I se carteó con grandes personajes de su época, acudió a recepciones y fiestas y hasta logró acuñar ficticio papel moneda con su efigie, unos billetes que hoy se han convertido en carísimos objetos de coleccionismo. En medio de la Guerra Civil ordenó el alto al fuego y la reconciliación de las partes, claro que, como no podía ser de otro modo, ni Lincoln ni Jefferson Davis le hicieron caso alguno.
Tras más de dos décadas de mandato, el Emperador Norton I falleció durante una vehemente exposición de sus ideas ante un público espectante. La ciudad lo consideró una gran pérdida e incluso hoy es recordado, pues aunque lunáticos hay muchos, personajes tan originales son escasos. Ciertamente, causaba risa, pero sus discursos solían ir más allá de lo meramente circense. Hoy, una tumba recuerda el paso de Norton I por el mundo bajo un epitafio de lo más directo: Emperador de los Estados Unidos y Protector de México.