El impresionante tijeretazo que han sufrido los presupuestos de Ciencia e Innovación continúan cosechando críticas desde todos los sectores. La prestigiosa revista Nature, que en su día apostó por las promesas socialistas en materia de investigación, ahora critica el incumplimiento del Gobierno.
La preocupación y las protestas de la comunidad científica ante el recorte de los Presupuestos para Ciencia e Innovación continúan arreciando. La revista Nature, publicación de referencia en el sector publica un duro editorial titulado "No hay vuelta atrás", en el que acusa al Gobierno de utilizar la crisis como excusa para detener los planes de impulso de la actividad científica.
Es la propia revista la que recuerda como en 2008, elogió al Ejecutivo de Jose Luis Rodríguez Zapatero, por aumentar el presupuesto destinado a la investigación y crear un Ministerio específicamente destinado a reducir la burocracia e impulsar la investigación científica.
Ahora Nature se desdice, y se muestra decepcionado por las promesas incumplidas: "el impulso se ha perdido", afirma. Sobre la Ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia la publicación considera que "ha demostrado su inexperiencia política. Ha tardado en poner su ministerio en funcionamiento y no ha desarrollado la influencia política necesaria para convencer al Gobierno, que ahora lidia con la recesión mndial, para que cumplia con sus promesas con la ciencia".
Los autónomos ven 'insuficiente' el 'paro' aprobado por el Gobierno
Madrid.- El Consejo de Ministros ha aprobado este viernes el anteproyecto de ley que regula la prestación que podrán percibir los trabajadores autónomos en caso de cesar en su actividad de manera involuntaria.
Pero nada más nacer, el proyecto ha recibido fuertes críticas. La Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA) cree que es "insuficiente y mejorable", ya que es una prestación corta, lo que deja después de ese periodo "desprotegidos y desamparados" a los autónomos desempleados tras seis meses.
En el mismo sentido ha reaccionado la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), que la considera "acertada" aunque "mejorable". La asociación afirma que el Gobierno debería estudiar un incremento del tiempo de cobro, que consideran "escaso", y propondrá que en el trámite parlamentario del proyecto de ley se recupere la idea de crear un Fondo para la Reorientación Profesional de los autónomos demandantes de empleo.
La más crítica con la medida ha sido la asociación Asnepa, que ha calificado el anteproyecto de "lamentable". La asociación señala que sólo beneficiará al 16% de los trabajadores por cuenta propia y, además, no será una realidad hasta 2011. Así, han recordado que "los autónomos únicamente disponemos de 6 meses de paro frente a los 24 meses de los asalariados".
Cuantía y duración de la prestación
La prestación por cese de actividad de los autónomos no será menor de 583,38 euros mensuales y no podrá superar los 1.383,9 euros. Su cuantía, durante todo su periodo de disfrute, será equivalente al 70% de la base por la que el autónomo venía cotizando durante los doce meses anteriores al cese de su actividad.
Por otra parte, su duración será de entre dos y seis meses, en función del periodo cotizado, y de hasta nueve en el caso de los mayores de 60 años.
En concreto, los autónomos que hayan cotizado de 12 a 17 meses tendrán derecho a dos meses de paro; los que hayan cotizado entre 18 y 23 meses cobrarán tres meses de prestación; los de 24 a 29 meses de cotización tendrán cuatro meses de paro; los de 30 a 35 meses cotizados percibirán la ayuda durante cinco meses y los de 36 meses o más de cotización cobrarán durante el máximo fijado, esto es, seis meses.
La duración de la prestación estará en función de los periodos de cotización efectuados dentro de los 36 meses anteriores a la situación legal de cese de actividad, de los que al menos 12 meses deben ser continuados e inmediatamente anteriores a dicha situación de cese.
Teniendo en cuenta que en los primeros 12 meses no existe gasto en prestación, se ha establecido un tipo de cotización para los trabajadores autónomos del 1,5% de la base, con una reducción del 0,5% en la cotización por incapacidad temporal, por lo que el trabajador cotizará efectivamente para el primer año sobre un 1%, que sobre la base mínima de 833,40 euros, apunta a una cotización mínima de 12,5 euros mensuales, sin aplicar la reducción de 0,5%, y de 8,33 euros con la reducción.
Cada año, la Ley de Presupuestos Generales del Estado establecerá el tipo de cotización que permita financiar este sistema de protección de los trabajadores autónomos que cesen involuntariamente en su actividad.
Sistema para cobrar el paro
El sistema diseñado por el Gobierno es un modelo mixto, entre voluntario y obligatorio, pues para poder cobrar el paro los autónomos tendrán que cotizar al mismo tiempo por accidentes laborales y enfermedades profesionales.
Esta contingencia es ahora mismo voluntaria salvo en determinados casos, como el de los trabajadores autónomos económicamente dependientes (TRADE) o, en el futuro, el de los autónomos que operen en actividades profesionales con un mayor riesgo de siniestralidad.
En la actualidad hay 539.338 trabajadores autónomos que cotizan por contingencias profesionales, incluyendo a 176.000 trabajadores autónomos del sector agrario. El Gobierno estima que cuando se determinen las actividades con mayor riesgo de siniestralidad y se desarrollen los contratos de los TRADE, el número de autónomos cotizantes ascenderá aproximadamente a un millón.
En la rueda de prensa posterior al Consejo la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, ha destacado que con esta medida se da cumplimiento al mandato del Estatuto del Trabajador Autónomo y se satisface una "reivindicación histórica" del colectivo.
De la Vega ha subrayado que el sistema diseñado por el Ejecutivo se basa en tres principios: es "contributivo, solidario y sostenible" desde el punto de vista financiero. "Es una norma que marca un antes y un después para los trabajadores autónomos, y con la que además de ampliar derechos, caminamos hacia un modelo económico mejor, más solidario y más garantista" ha añadido.
La tasa de paro en la zona euro se mantuvo estable en octubre respecto al mes anterior en el 9,8%, frenando así la tendencia al alza de los últimos meses, aunque en el caso de España el desempleo aumentó dos décimas y se situó en el 19,3%, el más elevada entre los países del euro. »
Publicado: 03 Dec 2009 2:58 amTítulo del mensaje: Enferma, borracha, maleducada e insostenible... España
La Unión Europea y los principales rotativos coinciden Enferma, borracha, maleducada e insostenible... así ve el mundo a España
La prensa internacional destapa la verdad de la situación económica
Del estrellato de la Champions League, la economía española su política y hasta su propia sociedad han pasado a ser un “sin techo” enfermo, resacoso que no sabe hacer ni la “O” con un canuto.
Los medios más prestigiosos como The Economist, Bloomberg y el propio Wall Street Journal, han coincidido en un análisis que muestra las vergüenzas de la economía española, plasmando la cruda realidad que desde españa se oculta, niega y maquilla ante los ciudadanos en un alarde de supervivencia política.
Hasta la propia Unión Europea, siempre políticamente correcta, ha mostrado su estupor al constatar como se dobla la media de abandono escolar y no se alcanza ningún objetivo educativo que se fijó por la unión, para el año que se inaugurará con la presidencia española.
En 2010 mientras el Presidente del Estado lo será también de la Unión, aunque desde Enero habrá muchas cabezas visibles en la UE tras la puesta en marcha del tratado de Lisboa (¿no sería el momento de acabar con la pantomima del presidente por turnos y ahorrar de paso unos millones de gasto público?), los españoles no cumplirán ni tan sólo uno de los objetivos fijados en la Estrategia de Lisboa para 2010 en educación.
Ni la capacidad de lectura, el porcentaje de alumnos en educación secundaria, licenciados en carreras de ciencias, abandono temprano de estudios y un largo etcétera. Ninguno de estos objetivos se ha mejorado ni llegado a cumplir según muestra el contundente informe de la Comisión Europea.
El abandono escolar español es de lo peor del lote, puesto que entre 2000 y 2008 (¿no eran esos los mejores años de crecimiento?) se ha incrementado en un 9.7%mientras que en Europa se ha reducido un 15.2%.
Tras el varapalo institucional, la prestigiosa publicación The Economist, justo antes de que el Consejo de Ministros aprobara la Ley de Economía Sostenible, publicaba un artículo que en sus dos primeras líneas definía sin contemplaciones la realidad: “España es el nuevo hombre enfermo de Europa” apuntando el descenso de credibilidad del Presidente al tratar de ocultar la auténtica envergadura de la recesión que azota la nación (calificándolo irónicamente en el pie de foto como: “eterno optimista”). El título del artículo era un canto a la realidad: “Insostenible”.
Haciendo hincapié en el tópico de la construcción, indica que el país se “emborrachó de ladrillos y cemento” sufriendo una “resaca estructural” que le lleva a superar el 19% de tasa de desempleo y a un déficit que rebasa el 10%. Las consecuencias para la debilitada economía son unas previsiones que le alejan de la recuperación de sus países vecinos sufriendo, según el semanario, mayor desempleo y aumento de las quiebras de las pequeñas empresas asfixiadas por los costes laborales y la sequía del crédito.
Días después Bloomberg sentenciaba el fracaso del Plan E, al constatar como el fin de este dispara la tasa de desempleo por encima del 20%, indicando como la construcción de “plazas de toros, o complejos deportivos” y otras obras derivadas del plan, no van a sacar al país que “un día fue motor de crecimiento laboral en la UE” de la crisis.
“Lo que han conseguido es congelar el desempleo” aludiendo a que el abrir zanjas por la mañana y cerrarlas por la tarde, o bien la construcción de una piscina en Ibiza por valor de €3 millones han sido auténticos despilfarros que han aplazado el problema sin generar expectativas de futuro.
“El aumento del desempleo es un factor significativo y hace pensar que España tiene un problema de competitividad a largo plazo” destapando nuevamente los puntos débiles de la “loca economía”.
La puntilla final la ha dado el Wall Street Journal, quien en un brillante artículo califica de enfermedad crónica el paro español, afirmando que la propia sociedad se ha acostumbrado al desempleo, siendo “algo natural” gracias la larga extensión de las coberturas sociales que provocan continuos rechazos de ofertas de trabajo por parte de los desempleados.
El inmovilismo del ejecutivo ante las reformas del mercado laboral contribuyen, según el diario, a que el golpe de la crisis sobre la nación (el más fuerte entre todos los países europeos) se incremente dificultando cualquier atisbo de recuperación que será tardía, lenta y con tasas de paro desmesuradas.
A LA VUELTA de Navidad, los españoles asistiremos con estupefacción -si algo queda- a una catástrofe histórica que marcará un jalón más en nuestra Gran Recesión. Y ella no es otra que la quiebra de una parte sustancial de nuestro sistema financiero, ése que nos hacían considerar ad náuseam hasta ayer mismo como robusto, saneado y modélico. Ello es lo que ha venido a anunciar Moody's cuando señalaba que las pérdidas de bancos y cajas sumarían 108.000 millones de euros de pérdidas esperadas ampliables a 225.000 millones de continuar el deterioro económico, lo que supone la bancarrota y desaparición de un número considerable de entidades de un sistema considerado admirable.
Ya el año pasado el ciudadano español (si ello no implica oxímoron a estas alturas de degradación institucional) se enteraba de otro dato aterrador, celosamente ocultado: la deuda de nuestros bancos y cajas con la banca extranjera ascendía a 800.000 millones de euros, lo que explica la restricción cuasi absoluta del crédito y microcrédito, especialmente a pymes y autónomos, debido a vencimientos de la deuda contraída por nuestras entidades. Y es que así de perverso es el fenómeno que nos sucede: una Gran Recesión determinada por el colapso del sector financiero que provoca el estrangulamiento del resto de sectores económicos, que no padecían per se dificultades especiales. Así de bochornoso.
Pero para quien no abdique del pensar, la pregunta surge al punto: ¿Cómo ha sido posible tamaño cataclismo, por el cual la banca española suspende su función social -la captación de depósitos y la concesión del crédito- para acabar obligada a comprar deuda de un Estado al borde también de la ruina y que más temprano que tarde no va a poder pagar? Y una parte de la respuesta se halla en la aparición de un virus letal en las entrañas mismas de nuestras entidades financieras: el de la crisis de la verdad y la institucionalización de la mentira.
Si algo caracteriza al último tercio del siglo XX, como han advertido con suma lucidez Hannah Arendt, Habermas, Popper y entre nosotros Julián Marías, ha sido la quiebra del concepto mismo de verdad en pro de un tosco escepticismo que nos impide formular juicios verdaderos o falsos. Como si hubiésemos tomado por enseña aquel «todo es relativo; he ahí el único principio absoluto» que preconizaba Augusto Comte. Y este derrumbamiento de la verdad como objetividad tenía que llegar tarde o temprano a la práctica bancaria, llevándose por delante el concepto tradicional de verdad contable mediante el cual 2+2 no podía dar 5. La antigua pretensión de veracidad bancaria y auditora presuponía que podía -y debía- haber una concordancia entre nuestros juicios contables y financieros y la realidad pura y nuda, haciendo honor a la antigua adecuatio clásica entre el pensamiento y las cosas: en este caso, entre la economía financiera y la economía real, siendo la veracidad la clave de bóveda que sostenía el edificio todo.
Pero si se renunciaba a la pretensión de verdad, entonces se cumpliría en nuestro sistema financiero un viejo aserto que recorre la historia de la Lógica: «De lo falso, se sigue cualquier cosa» (Ex falso sequitur quodlibet). Y «cualquier cosa» en nuestro caso es que la innovación financiera devenga en productos tóxicos, la hipoteca subprime se trafique como prime, la disciplina contable troque en ingeniería creativa, la prudencia ceda paso a la intemperancia y el mercado interbancario se paralice porque ya nadie se fía de nadie, y menos después de lo acaecido con Lehman y la otrora respetable banca suiza con UBS a la cabeza.
Para entender mejor esta eclosión de la mentira deberíamos recordar las consecuencias traumáticas que para la idea misma de verdad supuso la desaparición de todo un Arthur Andersen a raíz del affaire Enron en 2002. La auditora cuasi centenaria representaba en el universo bancario el símbolo del ethos calvinista donde la veracidad era garantía de confianza y transparencia y 2+2 daba efectivamente 4. Y ello era así de forma muy especial en una España inicialmente poco amiga de la disciplina y franqueza contables. En efecto, Arthur Andersen había venido realizando en nuestro país desde los 60 una función fundamental de formación, ordenamiento y gestión financiera, calvinizando con éxito meritorio nuestra laxitud ética en asuntos de negocio. Por eso no extrañó que A&A se negara a firmar en 1983, en virtud del principio de realidad, los estados contables de Rumasa y su holding financiero, algo impensable ahora donde ya no hay heterodoxia, pues lo que ha desaparecido es la doxá misma.
Y es que cuando el sistema financiero español vivía bajo criterios de verdad y realidad con la salvaguarda del Banco de España, entonces no valía el «cualquier cosa», y así fue posible atajar irregularidades como Sofico, el holding financiero de Rumasa o el Banesto de Conde y, de paso, gestionar eficazmente la UVI bancaria de principios de los 80. Claro que eran tiempos muy alejados del «estado de error» actual y otros los profesionales al frente, lo que propició un sistema bancario cuasi ejemplar.
Pero si Dostoievski había afirmado por boca de Iván Karamázov que «si Dios no existe, todo está permitido», análogamente el mundo financiero -entidades, auditoras y agencias- se dijo tras el affaire Enron: si Arthur Andersen falta a la verdad, entonces todo nos es posible. Y así ha sido, hasta llegar a la actual anomia de nuestro sistema financiero, donde una simple Caja de Castilla-La Mancha puede generar un agujero de 9.000 millones de euros. Pero a la debacle auditora se ha añadido en nuestro país otra desdicha para la vigencia de la veracidad: la abdicación del Banco de España -por muy razonadas sinrazones- de su función de guardián del templo de la autenticidad.
Resulta muy desolador -pero muy explicativo a la vez- que por omisión grave y silencio culpable una institución tan emblemática que había atravesado incólume con su actividad in vigilando la Dictadura de Primo, la República, el Franquismo, la Transición y la Democracia haya permitido llegar al actual colapso.
Antaño, se tenía auténtico terror en las direcciones bancarias a cualquier inspección de nuestro banco central, que conocía muy bien la humana naturaleza y creía en la verdad de los juicios y estados financieros. Hoy, dudo mucho que suscite amedrentamiento alguno. Antaño, la figura del Gobernador del Banco de España gozaba de un crédito -y temor- grande, y si lo perdía -sólo sucedió una vez- se le hacía dimitir. Hoy, falto de credibilidad alguna ante los restos del naufragio, se le menciona y tutea por sus iniciales, como si fuera un amigo de toda la vida, mientras el BdE se sume en el pozo de la degradación institucional que nos asola. Son las consecuencias lógicas de jugar al Ex falso... mencionado.
Con todo, queda un tercer elemento que explica la quiebra de la verdad en nuestras entidades financieras: el asalto a la gestión de las Cajas por parte del poder político. Un poder político que no cree que haya que situarse ante la verdad, y menos rendir cuentas a ella. Es más, no cree en absoluto que la verdad signifique algo. Lo que sí cree, en cambio -bien aprendido de las dos experiencias totalitarias- es que la verdad se puede fabricar, como mostró Hannah Arendt. Y a la fabricación de la verdad se ha aplicado en la gestión de un gran número de Cajas de Ahorro, muchas de las cuales -no sólo la CCLM- ya no son otra cosa que una gran mentira verosímil, como aquellas figuras de Potemkim. Mas ese operar desde lo falso generó un sentimiento de competencia desleal en la banca privada, con la subsiguiente respuesta de ésta: saltarse también la verdad para no perder liza en la cuota de mercado del management de la ficción, como ficticio es otorgar hipotecas por el 130% del valor del inmueble o decir que en España no hay subprimes. Y es que ya lo anotaba proverbialmente Machado: «Qué difícil es cuando todo baja, no bajar uno también». Y en esas estamos.
Claro que ante el súbito descubrimiento de las ruinas de nuestra Itálica financiera, puede que algún español repare en aquellos otros versos de don Antonio: «¿Tu verdad? No; la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela». Como si sólo desde esta indicación machadiana pudiera resolverse esta crisis, esto es, con banqueros, auditores, gobernadores y políticos amigos de la verdad. Nada menos.
Ignacio García de Leániz es profesor de Comportamiento Humano.
La prestigiosa firma de análisis bursátil Elliott Wave International deja claro a los inversores que España es uno de los países con mayor riesgo tras Grecia. El ajuste inmobiliario aún no se ha producido por culpa de la banca, y es posible que la ansiada recuperación de la vivienda se "evapore".
"Rodríguez Zapatero es una desgracia para España, como lo sería para cualquier país desarrollado del mundo occidental"
@Jesús Cacho - 10/01/2010
Como es norma cuando de calificar periodos de estancamiento económico se trata, también en España se empieza a hablar de los primeros 10 años de este siglo como de la “década perdida”. En voz baja, no vaya a ser que se enfade quien desde el BOE reparte las subvenciones, y echando la culpa al empedrado, es decir, a Madoff y compañía. Lo ocurrido aquí, sin embargo, es bien conocido y sus responsables tienen nombres y apellidos. Frente a la herencia económica recibida en marzo de 2004, las dos legislaturas del PSOE han devenido en la peor crisis económica registrada desde 1947, traducida en la pérdida de todas las ganancias de convergencia real –renta, riqueza y empleo- cosechadas desde el inicio del ciclo expansivo 1996-2007. Y lo peor es que esto no ha terminado. El perfil cíclico de la economía española es en L no en V, lo que equivale a decir que la recesión en curso vendrá seguida de un periodo de estancamiento con tasas de crecimiento entre el 1% y el 1,5% durante toda una serie de años y mucho paro.
Ello porque España combina dos graves desequilibrios: un alto endeudamiento de familias y empresas con un descomunal déficit público, algo que, en un marco de recesión primero y de bajo crecimiento después, genera un escenario explosivo que alienta la sospecha de que la economía española va a encontrar serias dificultades para atender sus compromisos de pago. Las razones son claras: la interacción entre los desequilibrios macro y micros acumulados durante la fase expansiva del ciclo, la profundidad de la recesión con su impacto sobre renta y riqueza de familias y empresas y sobre el sistema financiero, se retroalimenta y conduce a un círculo recesivo de dimensiones inéditas en lo que a intensidad y duración se refiere.
Desde esta perspectiva, nuestra economía está abocada a un escenario mucho más parecido al de una depresión que al de una recesión. De hecho, y a pesar de la fuerte corrección a la baja experimentada en 2008 por las principales variables macro, España no está ni a mitad de camino del proceso de saneamiento que haría posible pensar en un suelo para la dinámica de ajuste en curso. Ni la economía real ni el sistema financiero han absorbido en su totalidad el impacto de la recesión. Así pues, será imposible volver a tasas de crecimiento del 3% en esta legislatura y, en consecuencia, resultará inevitable alcanzar cifras de paro muy elevadas. El resultado final devendrá en un empobrecimiento sustancial de las familias, particularmente las clases medias, que, en promedio, perderán la mitad de su riqueza en el próximo bienio. La crisis no ha tocado fondo. Se halla en sus inicios y lo peor está todavía por llegar.
Embebido en el engaño de un Gobierno que no tiene otro programa que no sea enmascarar la realidad, los españoles siguen sin ser conscientes de las consecuencias que sobre su nivel de vida va a tener, está teniendo ya, la recesión en curso, engaño que contribuyen a mantener los grandes beneficiarios del Régimen, un grupo de millonarios apalancados en la subvención, los nada Cándidos sindicatos, y los dueños del agit-prop mediático. La realidad, sin embargo, es que restaurar la competitividad perdida por la acumulación de un diferencial de inflación y de costes laborales unitarios respecto a nuestros socios comerciales reclama un ajuste brutal y general de precios y salarios, algo que está ocurriendo por el lado del IPC, pero no, desde luego, de los costes laborales, que deberían caer en torno a un 20% para recuperar competitividad. En una economía rígida como la española, eso es imposible: es casi un axioma que en España los salarios solo pueden crecer. De hecho, lo están haciendo a causa de la caída del nivel general de precios, lo cual fortalece las tensiones recesivas y potencia el impacto destructor de empleo de la recesión. La consecuencia es que el ajuste se está haciendo vía destrucción de puestos de trabajo y de cierre de empresas, proceso imparable en una unión monetaria en la que es imposible mover el tipo de cambio.
Un retroceso material que es también cultural
El deterioro de las expectativas económicas, el aumento del paro, la erosión de la riqueza y de los ingresos del trabajo, y la contracción del crédito, hace insostenible el endeudamiento de las familias. Según datos del Banco de España, entre 2006 y 2008 la deuda de los hogares ha crecido casi un 24%, mientras su riqueza ha descendido en más de un 22%. Lo cual conduce a una caída muy potente del consumo familiar y a crecientes dificultades para afrontar el pago de sus deudas. Lo mismo ocurre con las empresas, obligadas a una liquidación masiva de activos a valor de mercado, o lisa y llanamente a la quiebra o suspensión de pagos por falta de crédito. Y es que el ciclo recesivo retroalimenta los problemas de bancos y cajas, deteriorando su capacidad para intermediar los flujos financieros y facilitar la salida de la recesión. El corolario es que el PIB crecerá en el entorno del 1% en lo que resta de legislatura, una tasa incompatible con la reducción del paro y la creación de empleo.
Con el riesgo añadido de default para el año que ahora comienza, consecuencia del elevado déficit público provocado por los planes de estímulo presupuestario, los costes del salvamento de cajas y bancos y, sobre todo, el colapso de los ingresos causado por la recesión. El sumatorio va a crear graves tensiones de financiación a unas Administraciones Públicas que, aunque dispuestas a pagar el diferencial que sea necesario para obtener recursos, van a ser observadas con lupa: los mercados, muy capaces de sumar deuda pública y privada, podrían llegar a preguntarse sobre la capacidad de pago de una economía muy endeudada, con una recesión aguda y sin perspectiva de salir de ella en el corto y medio plazo.
Preguntado una vez en Montevideo por el significado real de la palabra default, el economista argentino Ricardo López Murphy respondió que equivalía no solo a una pérdida de nivel de vida, sino también a “un retroceso cultural” que implicaba, que implica aquí y ahora, retroceder 20 años en el desarrollo, aceptar que somos un 30% más pobres, que no podremos pagarnos muchos de los grandes o pequeños caprichos de antaño, que habrá menos viajes, menos veraneo, menos restaurantes, menos ropa nueva, menos coches alemanes, peores servicios públicos, más hijos obligados a buscar en el extranjero las oportunidades que no encuentran en España, más agricultores abandonando el campo, más industrias quebradas, más comercios cerrados, menos movimientos comerciales y financieros… Más pobreza.
Zapatero o la socialización postmoderna de la teoría de las elites
Hace justamente un año titulé esta crónica con un explícito “España, camino de perdición”. Los temores de entonces se van cumpliendo con precisión matemática. Es ya un lugar común afirmar que la recesión de caballo que padecemos nos ha llegado en el peor momento posible, en una fase de profundo agotamiento del Sistema salido de la transición y con la clase política más mediocre de las últimas décadas. Las consecuencias de los atentados del 11 de marzo de 2004 adquieren cada día mayor relevancia, porque, inducidos por aquella tragedia, una mayoría de españoles decidió poner el Gobierno de la nación en manos de un individuo claramente incapacitado para la importancia del reto. El resultado de aquel error, reiterado cuatro años más tarde, está llamado a tener consecuencias muy dolorosas para el nivel de vida de los españoles y para la propia idea de España como nación. No solo es la pérdida de imagen sufrida por la marca España en el exterior; es que esa carencia de sustancia retroalimente en el interior las pulsiones de quienes ambicionan corralito propio, como demuestra lo que está ocurriendo en Cataluña.
Rodríguez Zapatero es una desgracia para España, como lo sería para cualquier país desarrollado del mundo occidental. Según las tesis de Martin Heidegger, el filósofo simpatizante del partido nazi, un pueblo logra su identidad solo a través de sus Gobiernos, de la misma forma que llega a su cénit únicamente en las personas de sus dirigentes. Con una consecuencia dual: la miseria o la gloria. Pero, ¿es ZP la medida de la conciencia intelectual y moral del pueblo español? ¿Se merecen los españoles a Zapatero? Estamos ante la famosa “teoría de las elites”, pero al revés. En la socialización postmoderna de las tesis de Pareto, Mosca, Michels y demás familia, según las cuales la tarea de Gobierno pertenece a minorías dirigentes, elites supuestamente mejor preparadas, que se alternan en el uso y abuso del Poder. El propio ZP se encargó el viernes de recordárnoslo: “España puede hablar de economía y presidir la UE. Todos podemos participar y liderar”. Él es la prueba irrefutable del aserto.
Y algo deberán hacer los españoles –desde luego también los italianos y europeos en general- para impedir que personas sin una sólida formación académica, sin la menor experiencia gerencial, sin un contrastado código de valores democráticos, sin idiomas, sin viajes, sin sentido del ridículo, puedan llegar a la presidencia del Gobierno. De momento, toca esperar. Dos años por delante para completar el daño de dos legislaturas que van a retrotraer a España a niveles de bienestar y riqueza de hace décadas. La presidencia española de la UE será, por eso, una desgracia añadida más. La tentación de entregarse a la orgia de fastos, gestos y gastos, con olvido de los problemas internos, resultará de todo punto imposible de resistir para un tipo que solo sabe de operaciones de imagen montadas sobre el embeleco colectivo. Y que no falte el humor: ¡Zapatero quiere arreglar la crisis económica europea…! ¿Saldremos de esta? Dijo el célebre J. J. Rousseau, padre putativo de toda revolución que se precie, que “el destino de los pueblos que carecen de libertad es llegar a ser gobernados un día por niños, por monstruos o por imbéciles”. Los españoles hemos conocido reyes capaces de reunir en su sola persona esa triple condición. Durante 40 años sufrimos también a un monstruo. ¿Ha llegado el momento de la tercera especie?
La llamada "vieja guardia" del PSOE muestra ya, siempre en privado por supuesto pero con poco disimulo, su hartazgo con Zapatero y su círculo de colaboradores. El último, Felipe González, que en un encuentro con empresarios dijo que "a este el síndrome de la Moncloa le afectó ya a los dos años".
Según informa este miércoles La Gaceta en un artículo firmado por Miguel Gil, Felipe González ha sido el último miembro destacado de la "vieja guardia" socialista en criticar abiertamente y de una forma muy dura a Zapatero, aunque en sus intervenciones públicas siga mostrando su apoyo al presidente del Gobierno.
Pero cuando las cámaras o los micrófonos no están presentes las declaraciones son bien distintas, aunque se trate de un foro tan previsiblemente indiscreto como dos decenas de empresarios de Sevilla, ante los que el ex presidente lanzó una frase lapidaria que resume a las claras su opinión sobre Zapatero y el poco aprecio que tiene al personaje: "Yo tardé nueve años en padecer el síndrome de la Moncloa, a Aznar le afectó a los seis y a éste le afectó ya a los dos años".
El profesor de la Universidad de Nueva York, Nouriel Roubini, ha sido elocuente en Davos. "Grecia está en bancarrota" y España es una amenaza inminente para la zona euro, hasta el punto de que en dos años se podría producir la "ruptura de la Unión Monetaria".
La reforma de las pensiones no sólo retrasa la edad de jubilación a los 67 años. Pretende que el cálculo de la cuantía a percibir se realice sobre "los periodos de cotización real" en lugar de los últimos 15 años de vida laboral. Limita las prejubilaciones y las pensiones de viudedad y orfandad.
Un simple clic de ratón es suficiente para descubrir el origen de la filtración al diario El País del Documento sobre revisión del Pacto de Toledo. El archivo que se puede descargar en primicia en la web del citado diario conserva el nombre de su autor, visibe al pinchar en las propiedades del documento: “jeserrano”. Es decir, José Enrique Serrano, director de Gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero, o fontanero jefe del Palacio de la Moncloa.
Tan sólo seis meses ha tardado Zapatero en pasar de emplear las pensiones en la batalla electoral (en las elecciones europeas), amenazando a los jubilados que, si no votaban al PSOE, el PP bajaría las pensiones.